la animalia y la palabra

*originalmente publicado en Ahora la Turba, acá.

para guillermo, por nuestro haber y el rastro

Decía: La cuestión es de posición y relación. De lenguaje. De la acción.

Hoy Ayer cumplí 31 años. Compartía con desconocidas que de unas semanas para acá tengo una ternura en el pecho que es pelusa y al mismo tiempo, animalito peludo. Duerme, se despierta, ronronea, se agita, rabia y muerde a veces también. Hay días en que no me cabe dentro, se me sale por los ojos, la nariz, la boca, la punta de los dedos. En esos días le dejo salir y le invito al mundo. Lo comparto conmigo, con mis pelusas y mis cosas, con las pelusas y las cosas de las otras también. Quería decir aquelarre donde pude haber escrito animalia, pero no.  La teoría no es la acción y a nadie importa.

Cuando pequeña, en casa recibíamos el Reader’s DigestLa suscripción se basaba en llenar una tarjetita, recibir una docena de ejemplares, que enviaran una factura e, indistintamente la incapacidad de pago, llenar una tarjetita otra vez. Y así. Además de la risa remedio infalible y citas citables, el Reader’s Digest anunciaba ofertas de libros fantásticos: jardinería, ebanistería, confección de ábacos de metal, naturaleza, instrucciones para tejer versión principiantes, intermedios y avanzado. Papi pedía los de hacer juguetes utilizando el mismo sistema de tarjetita, recibo del producto, factura, capacidad  o incapacidad de pago. Cuando llegaba el libro, era una fiesta. Yo tenía el privilegio de custodiarlo. Me bastaba mirar las páginas llenas de casitas y animales de madera para comprobar que – aún sin pisar una ferretería- mi papá debía ser cualquier cosa entre un mago o un superhéroe de la artesanía. La teoría no es la acción y no haría falta.

Lo mío era la animalia. Una de las principales ofertas era una suscripción a una serie de fichas con información sobre los animales del mundo. Te apuntaban en otra tarjetita y todos los meses te llegaban cinco fichas distintas con información sobre la estatura, peso, hábitat, temporada de apareamiento, anidaje, presagios sobre la extinción y otros datos. En esos días, armada de un paquete de papeles de argolla, una carpeta reciclada y lápices de carboncillo, me propuse hacer una lista, en orden alfabético, que recogiera los nombres de todos los animales del mundo. Había algo perverso en la futilidad de la suscripción: una vocación al vacío, la selva y el mar. Si los animales son infinitos y todos los meses llegaban cinco fichas y cada tres meses se repetían dos habría que ser proactiva para prevenir a esas multitudes de animales anónimos desperdigados por el universo. Nombrar para preservar. Como si saliera de mi mano. Hacer nacer. Cuando aparecía un animalito con Z era feliz. La cosa era añadir el nombre o quizás borrar unos cuantos para reacomodar al nuevo. La tragedia era que apareciera un animal con A – ampelis- o C – capibara-. Entonces, había que  deshacerlo todo y recomenzar. La ansiedad de las listas murió con el anuncio de la extinción. Mamá guardaba un libro que se llamaba “1989: Fin del Mundo”. Era 1993. Ya nada tenia sentido. Ahora tengo una lista de libros sobre animales que revisitar.  Los comparto en formato para compartir, en orden alfabético, recortando y pegando como si supiera ordenar. Ahora todo es más fácil.  animalfieroytierno, areyoumymother,  chelseagirls, delaanimalidadnohaysalida,  lafcadiothelionwhoshotback, mrfox, , theartofraicingintherain, , theunbearablelightnessofbeing, Voy a la calle buscando palabras y animales.  La teoría y la acción son la misma cosa, aunque no.

En estos días me gustaría decir aunque no sea cierto que mi vida gira alrededor de la animalia. Mi hogar es la promesa de cuatro patas que se multiplican por dos o por tres cuando hay espacio para una colaboración o un rescate bidireccional. En nuestra casa los animales de a dos patas comparten con los de cuatro. Nos pertenecen colectivamente las camas, los cuartos, la mesa y el balcón. Nos rascamos las espaldas sin pedir permiso. Si hace falta, nos mordemos también. Salgo a la calle a encontrar espaldas que rascar y a quienes morder. Mi animalito se reconoce desperdigado y anónimo en los animalitos desperdigados y anónimos de otras. Animalia colectiva, rabiosa, tierna. La felicidad debe ser otra cosa pero no algo muy distinto a estos animalitos reconociéndose y encontrándose. Hay en la rabia un poder generador y en la ternura algo que sana. Mi animalito peludo está generando, rabiando: haciéndose.  Con mis pelusas y mis cosas salgo a la calle a encontrarme con las pelusas y las cosas de otras. Actuar, para que no me teoricen.

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la rabia de las trinitarias

hoy  no toda palabra tiene presente
en la primera persona más
anticipo con tristeza
a los pajaritos que  insisten en
destrozar las trinitarias
manotearía pero sé
alguien transita con una calma
que no es la mía
y me cuido de lo preciso
del color y  a la vuelta
los tiestos vacíos son terror
el terror es la espalda  de
un hombre blanco sin pelos que pasa
cerca para llevarse algo
que yo –una y otra vez- le dejo llevar
lo otro del horror  es un manotazo hueco
que sé imprescindible
como decir
tienen vísceras las vísperas de las noches
de mis trinitarias         se lleva algo
le dejo llevar

pero acá
el clima aquí es impredecible
tanto calor me angustia aunque es mentira
que alguna  vez alguien anduvo y yo espere
por otra que dijera que marchar
ya no es  suficiente
aquí nada crece ni fueron más pájaros
después de las cortinas
andar ahora –como quiero- desde mi
es más como decir  montaña – andé-
con los pies arriba  estrujo la cabeza
soy harina de frente y pan
la ternura es trabajo duro
si me importa demasiado
la rabia  de las trinitarias
en cambio

cuando parto el pan

cuando parto el pan lo hago de espaldas
al fuego

el calor era un tipo alto
un ladrillo al que volar
o mentirle
a las sombras amenaza
la pared con los puños cerrados
aprieto un león de nada
que no se le escape al aire
o le muerda el tobillo

la oscuridad es partida
del juego si se aburre
me da su espalda
de pánico metida en un saco
partida del fuego y ladrillo
yo sin panza, sin dientes
más hambriste partera
de pánico

las migajas contra la luz
puntitos grises
del polvo
mañana nacerán arañitas
de todas luces volverá
harina de piedra
de fuego será posible
encenderse

partir
del pan

entrada

Cuadro

Tautologia es la prima solterona de la tauromaquia. Por lo mismo, es mas interesante. La tendencia es volcarse sobre sí sin doblarse, gemir sin soltar, repetir. Retorno es una monedita de la suerte que rueda escaleras abajo. Dos comparten la misma mesa por primera vez. Ceder la silla como quien regala un hombro. –¿Te acomodas? –Nunca espero. Habrá madera vieja y a manecillas. Cierto.

stock-graphics-free-vintage-posters-ernst-haeckel-kunstformen-natur-100-plates-artforms-of-nature-tafel017Agua

Desolladas somos todas. Del hollín, ellos. Lo mejor es elevarse sin desaparecer, fluir sin gastarse, nadar. Te decides por la entrada. –Prefiero salir. –No tardo.  Desdoblan la puerta sobre el mantel. La distancia es una persecución de caobas, de sauces que jamás has visto pero que imaginas como liniecitas grises y secas que se persiguen. Las convocadas a la tierra se alimentan de las lágrimas al dorso del mantel. Yo escojo primero. Hambre.

Toque

Si se lleva es porque al tiempo ya no hubo espacio. La invitación es a burlar sin negarse, huir sin mirar, contar. -¿Lo de sí es a mi vejez o a la vida? -A ti, seguido de por favor y luego de siempre. Comas entre medio como dientes. Manos al aire como astillas que agujerean el paladar de dios. La garganta es túnel seco por el que  escapa Nadie. Para llevar, dices y doblas lo que queda de la puerta.  Se la echa bajo el brazo y sin voltear la espalda se despide con mano libre.  Chau.