las mujeres no negociamos la austeridad

Hoy, 17 de mayo de 2017, Día Internacional contra las LGBTTIQ fobias, conmemoramos la lucha que dio paso a la eliminación de la homosexualidad como un trastorno mental. Reconocemos a quienes, aún mientras les acusaban de “locos” y “enfermos” apostaban a otras formas de identidad, sexualidad y vida. Este año en particular, en Puerto Rico no solo celebramos la diversidad, también celebramos la excarcelación del prisionero político Oscar López Rivera, quien luego de cumplir 36 años en la cárcel por luchar por la libertad de Puerto Rico, algo que aún parece (im)posible, nos vuelve a recordar que cuando se unen las voluntades y la gente decide reclamar sus derechos y a su gente logramos importantes victorias.

En momentos de tanta precariedad, levantarse a construir siempre resulta una locura. Las condiciones nunca son las ideales, los moldes son de barro y nuestros sueños no caben en cajitas. Pero aun así, y gracias a tantas que hicieron lo imposible, hoy nos lanzamos en locura, amor y rebeldía a apostar mejores condiciones de vida, porque no negociaremos más la austeridad.

via las mujeres no negociamos la austeridad — AHORA LA TURBA

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the love for a mother is a tough, tough love

– michelle tea (from the beautiful)

i talked to my mother today,

her voice was thick with sleep

and cigarettes. i could

almost smell that house

and the smoke that soaked

my clothes, the television glow

spilling over worn plaid white trash

couch and coffee table stained

with waxy rings from sweating glasses

of coke, the stale stink of homemade

knitted afghans wrapped around

sweaty feet, the shoes, the soft white

nurses’ shoes, dirty with hospital germs,

but wait, wrong house, she is

lifting my voice to her ear in a new house

without holes in walls, without daughters

without even a room for daughter

should they repent and return,

should the patriarch die.

she wants to know if i’m happy

but she does not want to know

what is making me happy

dark bars where i get drunk on words

i am writing, i say, i have a new book

and the line becomes this void filled with her fear,

what fucked up thing has happened now

to pull words from my pen, she doesnt want

to know and the line is this void filled

with anger i will never express

thinking about the woman i loved for a year,

we crisscrossed the country three times together.

i’ve without her for four months

and my mother, she doesnt ask

she has never even asked.

and i’m in love, i tell her,

that’s why i am happy.

im in love every day

every day with someone new

i’m in love with this whole city,

like the love was there first

and these women just make me

want to share it, and women,

yes, women, and sometimes it feels

like they could be in love too

they offer me their tongues

tucked in the red velvet boxes of

their mouths and i am in love,

i tell ehr (leaving out the details).

that’s nice, dear. 

nights spent in a love

that yields her no grandchildren

making as much sense

as a job that yields no pay.

but i’m an activist. ma,

it’s volunteer work, it feeds my soul.

work is drudgery

and she works, she works 703

she works 3-11

she works 11-7

till her nose becomes blind to the smell

of shit and living too long, she goes home

to her home, the home she owns, she

is a homeowner, with brand new furniture

cheap green velver, they are for show

they are guests who can sit

with their assess tightly clenched,

and all those thick-haired dolls with careful

porcelain faces tucked curely into curios

and her animals, the cat she tore

the claws from, the dog barking

from its fenced pantry pen.

living things are such a responsibility,

they are so hard to control, but she tries.

and i love her, i love her

i love her like a mother loves a daughter

who is moving in the wrong direction,

hanging out with the wrong crowd,

going with a guy you know is just no good.

i love her with a love big enough to hold every hurt

every time she did me wrong,

and the betrayal,

the big one like the atom bob, the one

that worked us into ground zero like

we’re living in nevada now, out in the desert

and every time i get too close i fear contamination

and i love her, so i weld words into instruments

trying to pry the crack in her heart

but they’re too big, clumsy to make her angry

or too small, sliding from my fingers into that place

where she keeps everything she never wants to see

(her life). and i love her, she is dying a slow,

slow death that will have taken her whole life to reach

in that house, with her cigarettes, her television.

her hamburger helper and her husband.

and i love her.

 

 

 

 

honor anger. resist oppression. be present.

“3. “Keeping Your Vibration High:” Encouraging Numbness

Emphasizing “positive vibrations” versus “negative emotions” is another way of perpetuating oppression through distancing yourself.
Beware of giving advice that stems from fear. Telling others to “be the light” when they are experiencing intense emotional reactions is destabilizing and promotes falsehood and confusion. Manipulating the feelings of others is psychologically and emotionally damaging.
This type of advice robs us of personal inner sovereignty. It removes us from an authentic relationship with our inborn navigation system and prevents healing. It also renders us ineffective to deal with reality and contribute to healthy change.
How to Do Better:

Tell the truth. Encourage the expression of emotion, and embrace it. Be present with what arises, without attempting to control or change it.
Honor anger. Anger is clarifying. Anger fuels necessary action. Anger burns like the fires of illumination. Honor sadness. Sadness is cleansing. Sadness cultivates empathy. Sadness heals our hearts and brings us together.
Trust the intelligence of human emotion. Emotions contain valuable information. We need to feel it to heal it. Hold yourself and others, and be with exactly what is. This is keeping your vibration high. This is developing compassion and strength. Expressing true feelings and standing up for justiceis spreading light and positivity.”

Más aquí:  http://www.decolonizingyoga.com/spirituality-reinforce-oppression-and-racism/

 

qué grande se ha puesto

[de angelamaría dávila, animal fiero y tierno, 1977]

Sabemos que de cualquier rincón

Salimos cualquier día,
Hace miles de años
Centenares de vigilias atroces
Hace mucho camino construído
Con la fuerza del sol que nos consume
Con la luna chiquita que tragamos
El día que nacimos
(y que grande se ha puesto
Parece que fue ayer que estaba nueva)
Yo se que nos soñamos
Con la fiereza del que enloquece solo
Desdoblando horizontes de bolsillo
Con esa incomprensible nostalgia del futuro
Que nos denuncia.
Ahora nos miramos
Con el asombro más natural del mundo,
Con susto de misterios claros como amapolas
Con la candela fresca
De todos los encuentros amorosos
Ahora resulta
Que no estábamos solos
Que somos muchos
Ahora nos vestimos con el cansancio diario
Brincando de alegría
Con un montón de estrellas por un ojo
Y un lagrimón eterno por el otro
Con esa misma angustia
Mil años compartida
Sin saberlo
Sabemos que hace tiempo
Tuvimos la confusa certeza de este día
En que dejando atrás la soledad aquella
Podríamos decirnos
Me siento sola
Y sé que tú lo sabes
Y sonreirnos juntas
Detestarnos a veces con ternura
Hablar a borbotones
Con las palabras nuevas ya sabidas
Para estrenar un sueño con la fiera alegría

De enloquecernos juntos

las vidas nuestras

*Publicado originalmente aquí, en Ahora la Turba.

#VivasNosQueremos

Hace unas cuantas semanas, en un taller de derecho de familia, discutíamos sobre la necesidad de la perspectiva de género. Una estudiante de escuela superior levantó la mano para hablar. Contó sobre el miedo de andar por la calle, de regreso de la escuela, entre el tren y su casa. La voz le daba saltitos cuando repitió las cosas que los hombres le gritaban cuando le pasaban por el lado. Cuando camino tengo mi uniforme de escuela puesto.Tengo mi bulto, mis libros. Soy una niña solamente. Me molesta y me da miedo. Me da coraje. Todo era un silencio espeso, unas ganas de llorar y gritar. Lo que una dice aquí debe ser “no te dejes, lucha” pero suena más a “resiste, va a pasar”. No pasará nunca. Ella es una niña solamente. Tiene cualquier cosa entre 15 ó 16 años. Hoy para mi todas las niñas y las mujeres tienen algo así entre 15 ó 16 años. Yo también.

Lucía Pérez, de 16 años, fue violada, torturada, asesinada en Mar de Plata, Argentina. Mi mejor amiga se llama Lucía. Enumero las cosas que haría por protegerla de todo peligro y cierro cada oración con un compromiso de guerra en las tinieblas. Pienso que si tuviera una niña le pondría su nombre, Lucía, o algo que empezara con el estallido de una luz que se enciende. Enumero las cosas que podrían pasarle cuando no pueda protegerla de todo peligro y cierro cada oración con ganas de correr hacia la oscuridad. Lucía, luz mía, mi luz, anda y crece, amor, aunque no, mejor no crezcas nunca, quédate un rato así hasta que pasen los 15, 16, 28, 31, quédate siempre así o mejor, no, no vengas.

De unos años para acá – o quizás desde siempre – las feministas de mi País y de otros, nos reunimos en plazas reales y virtuales para apalabrar los nombres de aquellas que ya no están porque las golpearon, violaron, torturaron, asesinaron, desaparecieron. La parte más dolorosa es una lista de cantitos que le arrancan a una del pellejo: cuando sus nombres coinciden con los nuestros o con los de mamá, tía, abuela, cuando el nombre es el de nuestra hermana porque es nuestra hermana, cuando la edad es cualquier cosa entre cero y la infinidad de posibilidades que les robó el patriarcado, cuando no sabemos la cifra exacta porque el gobierno pierde los números como quien pierde una cosa cualquiera a propósito o sin importarle, cuando no sabemos que les pasó y decimos desaparecida y sabemos que puede estar picada en pedazos, desnuda, en el fondo de cualquier quebrada, cuando la vela se gasta antes de que termine la lista de asesinadas, cuando ya es tarde. Lloramos, gritamos, juramos. Al final nos agarramos de las manos y no queremos soltarnos. Si algo te pasara a ti. Es que yo. El gobierno no. El patriarcado de mierda que. Habría que dejar la paz. Lucha, no te dejes, Resiste, va a pasar. La rabia.

Hoy, en varios países de Latinoamérica, las mujeres se van a un paro general: la huelga de las mujeres. Miles de mujeres no irán a trabajar, estudiar o cuidar. Marcharán, consignarán, se encontrarán. Tendrán cualquier cosa entre 15 y 16 años y algunas cvdmencuiaesuyt.jpgmuchos más. Son niñas, mujeres, viejas,, trans, negras, indígenas, pobres, clasemedieras, estudiantes contra el feminicidio. Las consignas – adecuadas a las redes sociales- son #VivasNosQueremos y #NiUnaMenos. Entre las páginas llamando al paro encuentro una lista de cosas que pueden hacer los hombres que quieran apoyar : cuidar a les hijes y les enfermes, no sólo ese día “pues mañana empieza y de ahí pa real”, cubrir a una compañera que falte a su trabajo, no convocar al trabajo a sus empleadas, promover que sean las mujeres las que cubran los eventos del paro en los medios y más. Yo hoy salgo a la calle y me imagino y siento con ellas. Contra el feminicidio. Contra el patriarcado. Contra la ocupación de la colonia, el machismo, el estado, el miedo. No resistas. No va a pasar. Sal conmigo a la calle. Lucha.

Dice Javier que Latinoamérica no existe. Yo lo escucho, lo leo, a veces coincido y otras hago pucheros. Mis aspiraciones supranacionales comienzan y terminan con el deseo de partir y parir desde algo más grande, con y para otras. Jamás soy más caribeña que cuando me azota este trópico convulso en la pobreza de nuestro País, en el cuerpo de otra trabajadora sexual trans que aparece con su rostro desfigurado, en una nena abusada por su padre y por la iglesia, en este calor humedo que igual nos cocina a nosotras que a un Haití castigado y transfigurado por el hambre y la catástrofe. Mi antillanismo, mi latinoamericanismo, nace de heridas que no acaban de cerrarse. Hoy, y en otros hoy, nos encontramos en la plaza, en la calle, en el caribe, en la américa, en el mundo para hacernos turnos lamiéndonos. Sanándonos. Rabiándonos. Cuidándonos. Mi luz, un día este pedacito de mundo será tuyo y yo protegeré tu piel para que tu protejas la de otra, a los 15 ó 16, siempre.

En la lista para compañeros solidarios, dice que si es teatrero, cancele la función de hoy, que hoy lo que se lucha es la continuación de la puesta en escena de la vida. Leo la línea dos o tres veces y me levanto en una sala vacía a aplaudir.

En una fiesta, una amiga menciona que a su sobrina le encanta el teatro. No podría ser de una forma, si su familia se ha dedicado toda la vida a eso. Son los XXXXX., los de XXXX. Los conoces, claro. Hago que sí con la cabeza. Miro alrededor de la mesa hasta encontrar los ojos de otra amiga que de repente desaparece. Tiene cualquier cosa entre 15 ó 16 a
ños o un poco más. Érase una madrugada después de varias noches sin dormir. Había de todo. De las cervezas a las drogas y de ahí a la niña. Varios hombres. Son los XXXXX., los de XXXX .Los conoces, claro. Ella dice que no con la cabeza. Cuando acabaron, la lavaron como pudieron en una piscina y luego la depositaron en su casa recordándole que no debía decir nada. La primera amiga – guerrera, sobreviviente también- no tiene la culpa de que el teatro o el machismo convoquen nuestras muertes en espejos que pocas veces percibimos, compartimos o enfrentamos. En esta ocasión y solo en muy pocas como ésta, reconozco el juego. No necesitamos sabernos para sabernos. En la mesa están ellas dos muy juntas, conmigo. Tenemos 15 ó 16 años y nos encontramos. Y eso basta, al menos hoy. Sin pedir permiso, cancelamos la función. Salimos a la calle a resistir – no pasará- y a luchar – no nos dejamos. La huelga, la vida, es nuestra. #VivasNosQueremos

protestar contra la junta: derecho e incomodidad

*publicado acá, en Ahora la Turba

*Para el Primer Foro Contra Promesa, con mis compañeras y compañeros

Defiendo derecho a la protesta como una que protesta,  desde mi realidad como abogada, mujer y activista. Me indigno cuando el sistema judicial y los medios de comunicación corporativos – ¿qué son casi todos?  traducen nuestra indignación en “violaciones de ley”, “faltas a la vida en sociedad” y “ en actos de turbas desordenadas”. Resiento también a los académicos que mientras protestamos nos piensan, utilizando fichas de intelectuales del cánon para explicar cómo nuestra cotidianidad se rompe sin llegarle a los talones a otras maneras de quebrarse. Leo decir que en este país no se protesta o no se piensa cuando se protesta y me indigno tanto o más que cuando un juez o un periódico concluyen que aquí no se sabe protestar. Durante el foro, voy a estar hablando desde acá y en términos legales a veces – muy pocas- pero con la conciencia de que estoy allá, construyendo con otras otra forma de porvenir donde reclamemos nuestro derecho a la rabia y a pensarnos políticamente desde los procesos mismos.

Soy una abogada que trabaja para que las abogadas no seamos necesarias. Creo en el derecho puede ser – a veces- un instrumento de cambio social más sin embargo, sé que los tribunales no son el lugar donde esos cambios se producen. Hemos podido reivindicar luchas importantes en los tribunales, pero esas victorias legales son mínimas. Las medidas de austeridad, el alto número de desahucios, los proyectos legislativos para cerrar escuelas y servicios esenciales, los incentivos contributivos a bonistas y buitres, el encarcelamiento de Oscar López Rivera, PROMESA- que llega por ley federal- demuestran que el sistema de derecho, de ley y orden está en guerra con nosotras hace tiempo. La cantidad de arrestos, acusaciones criminales e  injunctions  en contra de manifestantes son otra prueba de esto. Cuando hablemos del derecho a la protesta no hablamos de una posibilidad de reconciliación. No puede quedar duda. La brecha es insalvable y precisamente nuestra lucha exige denunciarla y abrirla más todavía.  El sistema de justicia es colonial, patriarcal, lento y castigador. La lucha contra la Junta es una lucha anticolonial, feminista, ágil y liberadora.

Pertenezco a una profesión obsesionada con las buenas costumbres y los buenos modales. Hay tanto que limpiar y no nos sobran las manitas para lavarnos la cara y aplaudirnos al mismo tiempo. Me resisto a compartir la mesa en estas condiciones de des-poder. Trabajo con otras para descolonizar la forma en la que hacemos el derecho, sobre todo en estos espacios de protesta. Mañana cuando hablé, diré que aquí está lo legal y que más acá esta la ley. No quiero que nadie piense que con eso ubico las coordenadas de lo legítimo o lo justo. Si para algo sirve el derecho, y con éste sus operadores, es para levantar una sospecha activa y permanente.

La protesta, un derecho incómodo

De un tiempo para acá nuestras redes sociales se llenan con tributos a Benito Juárez “el derecho ajeno es la paz” y “tu derecho termina donde comienza el mío”. Esta simplificación de la protesta descansa en una mitología de la indignación “cívica”. Primero, es pensar que estamos en condiciones de igualdad, donde todas las personas gozan de igual poder, participación e influencia. Para quienes prescriben una forma correcta de protestar, les parecerá razonable que si a usted le llega una factura irrazonable de agua, le cierran la escuela de su hija o no le gusta el gobierno tiene las siguientes alternativas útiles: escribirle una carta al alcalde, reunirse con su legislador  o votar distinto en las próximas elecciones. Segundo, es simplificar y domesticar la palabra disidencia. Para algunos, un disidente puede ser cualquier cosa, hasta un grupo de legisladores que cobrando miles y tomando aire acondicionado se dedican a disentir del partido de turno. Impone una expectativa irrazonable en la protesta: la exigencia de un mensaje o de una propuesta. Una protesta puede querer detener una operación, cerrar y que, con eso, se cumpla su objetivo. Tercero, es creer que la revolución de acá es, por ser la más colonizada, la más salvaje y barbárica. Queremos que los videos de las protestas en otros países liberen el suelo propio y que, mientras tanto, y como dice Rima Brusi, acá “se ubique la protesta donde no moleste”.

Quienes ven amenazados sus derechos más fundamentales no tienen el tiempo ni los recursos para disentir con elegancia y por los canales. Protestamos para denunciar lo injusto e inmediato y para exigir un remedio justo, ahora. Eso exige incomodar, hacer ruido, dislocar.

En tanto el derecho

 El derecho a la protesta está protegido por el derecho a la libertad de expresión, contenido en nuestra Constitución. Opinar incluye disentir. Y ese disenso, manifestado, puede asumir la forma de protesta. Como dice Roberto Gargarella, la protesta es el primer derecho, que garantiza el acceso a otros derechos. La protesta es un derecho individual pero también colectivo que ejercemos ante el Gobierno y ante quienes actúan en representación o sustitución de los funcionarios públicas.

El Estado no puede castigar a una persona o a un grupo porque no le guste el mensaje que expresa. Fuera de instancias como la amenaza, las palabras de riña o la difamación, en teoría la democracia quiere – que duro es decir que la democracia tiene un deseo, cualquiera- que aún el mensaje que molesta y ofenda se comparta. Lo que puede hacer el Estado es intentar reglamentar los parámetros en los que ocurre esa expresión. Los conceptos de tiempo, lugar y manera establecen las instancias en que el Estado puede reglamentar cuándo, dónde y cómo protestamos. Entre las distintas clasificaciones, me detengo en los foros públicos tradicionales, que incluyen calles, aceras y plazas. Estos espacios son donde menos se puede restringir la expresión. Las compañías privadas no pueden apropiarse de las aceras y utilizar ese dominio ilegítimo para negarnos celebrar piquetes, concentraciones, reuniones de cualquier tipo.

De igual forma, se reconoce el derecho a pegar pasquines en puentes, columnas y puentes, así como a utilizar los centros comerciales como espacios donde se permite la expresión como si se tratara de plazas públicas. También se ha reconocido el derecho a usar altoparlantes para difundir un mensaje, particularmente para aquellos grupos que no tienen acceso a medios de comunicación masiva/corporativa.

El tema de la propiedad privada es un punto medular. Los tribunales han dicho que no están permitidas las manifestaciones en casas de personas o pernoctar en espacios como en la calle frente a La Fortaleza. Al propietario se le reconoce el derecho de regular el uso su espacio e imponer mayores restricciones. Esto, además del asunto de compañías que han extendido –ilegalmente- sus establecimientos para acaparar aceras y calles públicas, entre otros- trae un punto importante respecto a la efectividad de la protesta.

Para que el derecho a la protesta se ejerza adecuadamente, la protesta tiene que ser efectiva. Tiene que llegar a los oídos de la persona a quien se le protesta. De ahí que retemos cuando la policía acordona espacios pequeños y remotos con cartelitos de área de libertad de expresión. Estos espacios son inefectivos en tanto arrestan a quienes protestan y les impide expresarse. En el contexto de la Junta, esto aún más problemático. ¿Para que mi protesta sea efectiva, a dónde una va para  protestarle a la Junta? ¿Dónde es efectiva la protesta? De ahí que el trabajo de protesta que han elegido los grupos sea seguirle la pista a estos focos de poder donde entienden se manifiesta la Junta y sus beneficiarios: hoteles, conferencias, medios corporativos, otros.

A lo que voy con todo el derecho es que estas clasificaciones parecen pero no son neutrales a los mensajes o a las personas que los manifiestan. Sufre de las mismas simplificaciones que aquella línea de Benito Juárez. No considera, por ejemplo, la falta de poder de quienes se sienten indignadas y no pueden denunciarlo porque una sola cadena de medios controla casi la totalidad de la comunicación masiva en el País. Sobre todo, protege el derecho de quienes se pueden ofender con la protesta. Es un derecho que domestica, regaña y controla. Es una lógica perversa similar a la que se usa con las mujeres cuando se comparten estrategias para no ser agredidas o violadas. Así como a nosotras se nos impone el deber de no provocar o controlar al agresor, a quienes protestan se les impone el deber de no incomodar y no ofender. La policía y los tribunales velan por ese tercero al que le indigna mi indignación. “Protege su derecho”.

La criminalización de la protesta

Atada al derecho de los ofendidos, la criminalización de la protesta se da a través de la represión policiaca y de leyes penales pero también a través de demandas y de discursos públicos que demonizan a quienes se manifiestan. Acá algunas notas rápidas sobre estas formas.

La brutalidad policiaca: ¿Qué mayor disuasivo para protestar que una línea fuerza de choque? El equipo para desmantelar motines, los caballos, motocicletas, perreras listas para arrestos, la movilización de unidades especiales no anuncian un intento de proteger sino de reprimir. La policía pasa a ser guardián de la propiedad privada.. Cuando la policía mira la protesta en función de cómo proteger a la multinacional o garantizar el acceso de los engabanados que compraron boletos para la conferencia, invisibiliza a quienes protestan precisamente porque HAN SIDO INVISIBILIZADOS. La represión por parte del Estado, que asume la forma de macanazos y pepper spray, es una violación a la libertad de expresión y a otros derechos humanos, tales como el derecho a no sufrir castigos crueles e inhumanos y a estar libre de tortura.

Quien protesta tiene derecho a que se le garanticen sus demás derechos: de aquí que la policía no puede prohibir malas palabras, amenazar o golpear. Tampoco puede hacer arrestos ilegales (para controlar la protesta) o registros contra la ley (esto incluye casetas, bultos, etc). Es desde este espacio que hemos aprendido a utilizar la Reforma de la Policía que, si bien no ha logrado reformar, sirve para visibilizar y dar nombre a violaciones de derechos civiles que persisten: uso indebido de la fuerza, batón a la cabeza, agarres de cuello, uso de motoras o caballos para despejar multitudes, uso ilegítimo del maze, etc.   Enfatizamos en el derecho a grabar a la Policía. Para protegernos tenemos que documentar. Esto incluye identificar la línea de mando, tomar placas, identificar a policías que en otras manifestaciones han sido señalados por violaciones de derechos civiles, tomar fotos y videos de incidentes que usaremos más tarde.

Los delitos: Una protesta puede acarrear una choque con la ley. La pasada administración aprobó leyes que castigaban como delito el impedir construcciones (la Ley Tito Kayak), molestar desde las gradas en los procesos legislativos y el uso de las capuchas. Aún cuando estas leyes fueran derogadas – al menos la Tito Kayak y la de las gradas, NO la de las capuchas (art. 248 del Código Penal de Puerto Rico)-, existen otros mecanismos para criminalizar la protesta en el Código Penal. En casos recientes, algunas de las acusaciones incluyen obstrucción de la justicia, resistencia al arresto, entrada ilegal. Si bien la mayoría de estos delitos son menos graves, acumular otros delitos que pueden ser parte de una cadena de eventos donde haya un arresto ilegal, como la agresión, amenazan con complicar el panorama. De ahí la insistencia en documentar, pieza clave en las defensas de manifestantes.  Por otro lado, alegar ser desobediente civil no es suficiente para que una persona sea liberada de un proceso. Por esto, es importante que la defensa legal esté coordinada con los grupos, para lograr denunciar desde adentro y desde afuera que estos arrestos y procesos son políticos.

En relación con este punto, si la protesta incomoda, es siempre en menor o mayor grado violenta: transgrede y rompe con algo o alguien. La desobediencia pacífica es un mecanismo legítimo. Otras defienden la legitimidad de la autodefensa. Descartar la violencia, por ser violencia misma, y escudarse en los lugares comunes de “encapuchados”, “clavos”, “piedras” y más es hacerle el juego a los medios que intentan dibujar a un manifestante macaneado como el enemigo del Estado. La pregunta no puede ser solamente cómo están protestando sino qué están protestando. Podemos hablar sobre la proporcionalidad de la violencia y toda la represión que cabe en la Junta, en los macanazos y más.

Las demandas: Las demandas recientes son intentos de paralizar la expresión y la protesta de los grupos no sólo mediante las vías legales sino a través del miedo. Además de revivir el momento en que unos alegados emplazadores amenazaron con una pistola a las compañeras del Campamento Contra la Junta, quizás podríamos enfocarnos en el intento de – en los tres casos- demandar a grupos que no tienen personalidad jurídica. Desde sus primeros años en derecho, cualquier abogada sabe que no se puede demandar a quien no existe – al menos jurídicamente. Si los bufetes que defienden a estos demandantes están sumamente preparados, ¿cómo es posible que cometieran un error tan elemental demandando a la Jornada Se Acabaron las Promesas y el Campamento contra la Junta?. No hay espacio para pensar que se trata de un descuido. Hay una estrategia de miedo detrás de estos procesos legales, que busca desmovilizar y paralizar la expresión no sólo mediante el miedo sino mediante órdenes provisionales que incluyen a cualquier miembro de cualquiera de estos grupos cuando quiera manifestarse en cualquier parte. Además, con el interés de enfocarse en uno o dos actores del movimiento para detenerlo, hay una insistencia miope y neoliberal en el individuo: como si impedirle a una detendría el todo que se va gestando. Claro. Reitero, el derecho no sirve como contenedor del derecho a la protesta.

Nosotras las abogadas y el derecho nuestro

En días recientes, hemos unido fuerzas para organizar un grupo de abogadas activistas que esté presente para asistir, acompañar y manifestarse junto a quienes quieran protestar contra la Junta de Control Fiscal. Somos abogadas y activistas que defendemos y actuamos como tal. Hemos empezado a organizarnos pensando que hay un vacío en las estructuras existentes para agrupar a abogadas progresistas y que, cuando al Junta entre en función serán mayores las represiones y por tanto, la necesidad de defensas legales coordinadas. A continuación incluyo algunos puntos que hemos comenzado a colegir.

Las abogadas no somos una curita o un kit de emergencia. Nuestra función no puede limitarse a sacar a una persona de la cárcel o lograr que se libre de una demanda. Eso es importante pero no es todo. Vislumbramos el derecho como herramienta de cambio social y estos procesos legales como políticos.

Hemos sido observadoras en estas en últimas jornadas de lucha. No somos terceras imparciales.. Observamos con y desde las que se militan. Estamos en la protesta porque seguimos la línea y el trabajo político de la convocatoria. Es desde ahí que coordinamos espacios de diálogo entre manifestantes y policías – que existen mucho más de lo que permiten ver los medios, humanizando tanto a activistas pero también a policías, quienes sufren de condiciones laborales terribles  – y negociamos según la voluntad colectiva de nuestros pares.

Tenemos un deber ético hacia nuestros clientes individuales. Pero en estos espacios también nos debemos a un quehacer político que nos obliga ante el colectivo. Si bien tenemos que brindar un análisis adecuado y responsable de los procesos y las consecuencias legales de cada acto, tenemos que estar conscientes de que esta litigación responde no sólo a un evento sino al mensaje político de quienes se manifiestan.

Para esto, la propuesta

  1. Redefinir el derecho a la protesta por medio de una visión más radical del derecho. La teoría es importante y las académicas también, pero creo que debemos empezar a forjarlo y a trabajarlo desde acá. Y si el derecho no da – que no nos va a dar-, entonces proponer otros espacios de acción.
  2. Promover el acceso a la justicia- Para que una persona pueda tomar un riesgo calculado sobre la protesta y sobre cómo va a guiar sus procesos judiciales – un arresto, una demanda- tenemos que promover el acceso a la justicia. Esto significa conocer nuestros derechos y cómo ejercerlos. En relación a la protesta, incluye conocer qué delitos se podrían estar cometiendo, cuáles son las consecuencias de un acto y contar con una red solidaria de apoyo legal.
  3. Promover una discusión de derechos humanos– Discutir la Junta de Control Fiscal no sólo desde números o desde derechos de la democracia (información, consulta, participación) sino desde el piso de protección social que todas merecemos (derecho al techo, salud, educación, trabajo) (art. 248)tesKayak y la de las gradas, NO la de las capuchas-z y democracia, la ruptura con toda nociegaron derechos y una vida. Sin este piso de protección social, sin esta exigencia de derechos humanos para todos y todas, la protesta se nos puede quedar corta.
  4. Encontrar en los espacios legales un espacio para hacernos compañía también: sin promover el miedo, desinformación o inmovilidad, con conciencia de las consecuencias y de las demás. No dejarnos solas. No ahora que es tan urgente encontrarnos. Aquí y en la calle.

En solidaridad

la animalia y la palabra

*originalmente publicado en Ahora la Turba, acá.

para guillermo, por nuestro haber y el rastro

Decía: La cuestión es de posición y relación. De lenguaje. De la acción.

Hoy Ayer cumplí 31 años. Compartía con desconocidas que de unas semanas para acá tengo una ternura en el pecho que es pelusa y al mismo tiempo, animalito peludo. Duerme, se despierta, ronronea, se agita, rabia y muerde a veces también. Hay días en que no me cabe dentro, se me sale por los ojos, la nariz, la boca, la punta de los dedos. En esos días le dejo salir y le invito al mundo. Lo comparto conmigo, con mis pelusas y mis cosas, con las pelusas y las cosas de las otras también. Quería decir aquelarre donde pude haber escrito animalia, pero no.  La teoría no es la acción y a nadie importa.

Cuando pequeña, en casa recibíamos el Reader’s DigestLa suscripción se basaba en llenar una tarjetita, recibir una docena de ejemplares, que enviaran una factura e, indistintamente la incapacidad de pago, llenar una tarjetita otra vez. Y así. Además de la risa remedio infalible y citas citables, el Reader’s Digest anunciaba ofertas de libros fantásticos: jardinería, ebanistería, confección de ábacos de metal, naturaleza, instrucciones para tejer versión principiantes, intermedios y avanzado. Papi pedía los de hacer juguetes utilizando el mismo sistema de tarjetita, recibo del producto, factura, capacidad  o incapacidad de pago. Cuando llegaba el libro, era una fiesta. Yo tenía el privilegio de custodiarlo. Me bastaba mirar las páginas llenas de casitas y animales de madera para comprobar que – aún sin pisar una ferretería- mi papá debía ser cualquier cosa entre un mago o un superhéroe de la artesanía. La teoría no es la acción y no haría falta.

Lo mío era la animalia. Una de las principales ofertas era una suscripción a una serie de fichas con información sobre los animales del mundo. Te apuntaban en otra tarjetita y todos los meses te llegaban cinco fichas distintas con información sobre la estatura, peso, hábitat, temporada de apareamiento, anidaje, presagios sobre la extinción y otros datos. En esos días, armada de un paquete de papeles de argolla, una carpeta reciclada y lápices de carboncillo, me propuse hacer una lista, en orden alfabético, que recogiera los nombres de todos los animales del mundo. Había algo perverso en la futilidad de la suscripción: una vocación al vacío, la selva y el mar. Si los animales son infinitos y todos los meses llegaban cinco fichas y cada tres meses se repetían dos habría que ser proactiva para prevenir a esas multitudes de animales anónimos desperdigados por el universo. Nombrar para preservar. Como si saliera de mi mano. Hacer nacer. Cuando aparecía un animalito con Z era feliz. La cosa era añadir el nombre o quizás borrar unos cuantos para reacomodar al nuevo. La tragedia era que apareciera un animal con A – ampelis- o C – capibara-. Entonces, había que  deshacerlo todo y recomenzar. La ansiedad de las listas murió con el anuncio de la extinción. Mamá guardaba un libro que se llamaba “1989: Fin del Mundo”. Era 1993. Ya nada tenia sentido. Ahora tengo una lista de libros sobre animales que revisitar.  Los comparto en formato para compartir, en orden alfabético, recortando y pegando como si supiera ordenar. Ahora todo es más fácil.  animalfieroytierno, areyoumymother,  chelseagirls, delaanimalidadnohaysalida,  lafcadiothelionwhoshotback, mrfox, , theartofraicingintherain, , theunbearablelightnessofbeing, Voy a la calle buscando palabras y animales.  La teoría y la acción son la misma cosa, aunque no.

En estos días me gustaría decir aunque no sea cierto que mi vida gira alrededor de la animalia. Mi hogar es la promesa de cuatro patas que se multiplican por dos o por tres cuando hay espacio para una colaboración o un rescate bidireccional. En nuestra casa los animales de a dos patas comparten con los de cuatro. Nos pertenecen colectivamente las camas, los cuartos, la mesa y el balcón. Nos rascamos las espaldas sin pedir permiso. Si hace falta, nos mordemos también. Salgo a la calle a encontrar espaldas que rascar y a quienes morder. Mi animalito se reconoce desperdigado y anónimo en los animalitos desperdigados y anónimos de otras. Animalia colectiva, rabiosa, tierna. La felicidad debe ser otra cosa pero no algo muy distinto a estos animalitos reconociéndose y encontrándose. Hay en la rabia un poder generador y en la ternura algo que sana. Mi animalito peludo está generando, rabiando: haciéndose.  Con mis pelusas y mis cosas salgo a la calle a encontrarme con las pelusas y las cosas de otras. Actuar, para que no me teoricen.

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